1 año perdido.
admin
febrero 26, 2013
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logos-png-ninis

Hola amigos.

ninis.org ha vuelto . Pero hemos tenido un problema, todas las entradas, post, comentarios, y usuarios registrados en 2012 se HAN PERDIDO. hemos tenido problemas con el servidor y toda información de ese año, ya no está . por eso veréis un espacio en blanco entre 2011 y 2013. perdonar las molestias :)

Los amantes del “dolce far niente”
admin
enero 24, 2010
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foto-uni-espanola-nini

— ¿Generación NI NI?
— Sí, hija, sí: los que NI estudian NI trabajan NI dan un palo al agua.
— ¡Pos vaya!, no sabía que los hubieran bautizao. Quieres decir que aquello de: ¿estudias o trabajas?, ya no se estila.
— Está más caducado que los yogures que tenía ayer en la nevera.
— Ahora entiendo a la Mari; además, si yo los veo cuando salgo del almacén a hacer un recao; todo el día en el parque de botellón o vegetando. Pensaba que eran las huelgas del instituto, o de la Universidad, con todo el lío ese de Bolonia, que no sé ni de qué va, pero ruido hacen, y pancartas las que quieras, pa quejarse; pero digo yo que cuando el río suena agua lleva y, seguro que algo de razón tienen los chavales.
— Los del lío de Bolonia se supone que estudian y alguna aspiración tienen en la vida pero, según un estudio de Demoscopia, el 54% de los españoles entre 18 y 34 años no encuentra nada que le motive…además del Chat y el botellón, claro.

Foto: Marijo Grass
Foto: Marijo Grass

— A eso se le llama pandilla de vagos, ¡vamos!, de toda la vida. Y, ¿ con 34 no saben lo que quieren? ¡Ay que joderse! Yo siempre le digo a mi Fran que si no hemos tenido hijos será porque Dios no ha querido, pero a él se le pone mala cara porque le hubiera gustado un niño…¡pa jugar al fútbol los domingos!; que no me lo imagino cambiando pañales ni en broma. Y luego le sale un zángano como estos y encima tendría yo la culpa.
— Bueno, ese es otro tema. Tú aguantas a Fran porque cocina de maravilla y te hace magdalenas para que nos invites a merendar, y por eso se lo perdonas todo.
— Puede ser, pero me costaría más soportar lo de la Mari; ahora le dan ataques de ansiedad en el trabajo. Dice que el otro día explotó y en lugar de planchar las camisetas del chiquillo cogió los rotuladores de la pequeña y se las llenó de letreros que ponían:¡PARÁSITO! Y lo peor es que al chaval le encantó, y encima le suelta: “¡Maama, mola mazo!” La pobre acabó en urgencias con taquicardia.

Foto: Marijo Grass

—Yo creo que la culpa es nuestra, que los “deseducamos” porque nunca les ha faltado nada ni les hemos puesto los límites necesarios; y encima malcriados por la abuela o en manos de la canguro porque estábamos trabajando.
— ¡Venga ya!, ¿ tú crees que a nosotras nos traumatizó que nos dijeran NO cuando queríamos algo?
— Bueno, era otra época; nos buscamos la vida para largarnos de casa y no tener que escuchar una negativa por respuesta.
— Y, ¡ahora no hay manera de que se vayan! El otro día me dijo Montse, la que trabaja en la recepción de mi almacén, que quiere divorciarse…pero de sus hijas, jajaja.

Foto: Marijo Grass

— Lo que pasa es que lo tienen más jodido. Encima ven a los padres que se han matado a currar y aunque sean directivos se van al paro…
— Sí pero, esos se van con un finiquito millonario, y con lo que han astillao a la empresa durante años guardaíco en una cuenta de las islas Caimán.
— ¡Mira que has visto películas!
— No me hace falta, ¡con las noticias de la tele tengo de sobra!
— Yo no he llegado al punto de la Mari porque Pablo es buen chaval pero me tiene harta; no da golpe si no me pongo con él a estudiar; y ya me han llamado tres veces del instituto para decirme que hace campana. Y lo de ayudar en casa o poner orden en su habitación es una batalla perdida. Lo único que le interesa son las series que se baja en Internet y los Simpson. Si lo examinaran de eso otro gallo cantaría…

Foto: Marijo Grass

Bueno, pues lo de la generación Ni Ni me lo ha contado Mercy. Dice que no puede más y que ha apuntado a Emmanuel a un casting porque al pequeño todavía no lo da por caso perdido; y que si no cambian las cosas se vuelve a Nigeria.
— ¡No fastidies!, ese niño no vale ni pal Gran Hermano, seguro que lo echan por vago. Lo único que le motiva es salir el fin de semana y meterse lo que sea hasta las trancas; y luego a colgar las fotos en el Facebook, pa enseñar a sus amigos lo bien que se lo pasa.

Foto: Marijo Grass

— Pues de eso va el rollo: es un casting de vagos; y no van ellos, ¡los envían los padres!
— Joer, ya no saben que inventarse pa saturar el morbo de la gente.
— Es un reality de La Sexta: “Buscan jóvenes vagos, intransigentes, impacientes, intolerantes y carentes de cualquier sentimiento de generosidad, solidaridad o gratitud”.
— ¡Menudo currículum! A Emmanuel le va como anillo al dedo. Solo falta que se haga famoso y lo conviertan en héroe.
— Espera que te leo, que aún hay más: “ Buscamos chicos y chicas que desconocen los conceptos de sacrificio, honestidad, esfuerzo, responsabilidad, compromiso y superación”
— ¡No veas qué joyitas! No me extraña que Mercy quiera enviar a su hijo y, si se lo cuentas a la Mari envía al suyo también; y las de Montse. Me parece que habrán ostias pal casting ese. Una oportunidad pa librarse de los hijos- parásito, jajaja.
— Te ríes porque no tienes ese karma en tu vida.
— Bueno, tengo a mi jefe, que es mucho peor; y a mi marido, que si no me agasajara con la comida ni me lo hiciera tan bien “ahí abajo” lo mandaba con su madre ahora mismo.

Foto: Marijo Grass

— ¡Qué bruta eres Lali! Mira, aquí dice que les ponen una casa y tendrán que trabajar para comer. ¡Y hacer la limpieza!
— Eso acabará como el rosario de la Aurora. Ahora vamos a ver una colección dezánganos limpiando el baño mientras piensan qué coño hacen con su vida. Y luego lo comentarán en los otros programas pa rellenar. ¡Qué país!

Foto: Marijo Grass

— Bueno, mujer. A mí no me parece mala idea y, además, no tienen nominaciones ni expulsiones ni todo ese circo. Parece un rollo más documental.
— Pues ahí se van a quedar hasta que jubilen la televisión con ellos dentro, ¡que te lo digo yo! A chupar cámara y enseñar sus miserias, que eso les gusta a todos.
— Estarán tres meses. Ahora están buscando psicólogos y terapeutas para que vivan con ellos y les ayuden a encontrar algo que les motive. Cuando lo consigan se van a casa.
— Pos con la cantidad de psicólogos que hay en el paro por lo menos podrán trabajar de lo suyo; de supernanny, pero con niños más grandes.
— Pues si lo consiguen a lo mejor me animo y mando a Pablo, que ya me apunto yo a lo del “dolce far niente” . Bueno, a eso nos apuntamos todos. ¡Faltaría más!

fuente : http://setehapasadoelarroz.blogspot.com
Los que “ni estudian, ni trabajan”
admin
enero 24, 2010
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ninis del futuro hay futuro
Si en los setenta, se repetía la frasecita típica para entablar conversación, con un chico o chica, de ¿estudias o trabajas? Hoy hay un porcentaje importante de jóvenes españoles, que contestarían NO, a ambas opciones. A estos chicos, jóvenes, que ni estudian ni trabajan, les llaman : La “generación neet”. Y ya se les considera un peligro para la competitividad y el empleo.
Resulta que, el reverso tenebroso de la fuerza emprendedora de los jóvenes está en ese 14% de españoles de entre 16 y 24 años que ni estudia, ni trabaja. La ‘generación Neet’ supone un lastre para el nuevo modelo económico. Para los Neet (Not Employment, Education or Training), la tópica pregunta del ¿estudias o trabajas?, resulta fácil y triste de responder. Ni lo uno ni lo otro. Según la OCDE, el 14% de los jóvenes españoles de entre 16 y 24 años no hace nada.
Las carencias formativas se completan con los datos proporcionados por el último informe Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE, que recordaba recientemente que el 49% de los españoles de 25 a 64 años sólo ha finalizado los estudios obligatorios. Aunque este porcentaje ha disminuido año a año (en 1997 llegaba al 69%), todavía nos sitúa muy lejos de las potencias europeas y de la OCDE.
Volviendo a la generación NiNi, la de aquellos que ni estudian ni trabajan, el estudio realizado por la OCDE en la Unión Europea y Estados Unidos coloca a España en el cuarto peor lugar, por delante de Italia, Eslovaquia y Reino Unido. Según este informe, el 5% de los jóvenes españoles que abandonan los estudios tras la educación obligatoria, con 16 años, no están interesados en hacer nada y otro 20% queda atrapado en el desempleo.
Montse Ventosa, fundadora de Employee Branding, cree que la contradicción entre las jóvenes generaciones que se deciden por el camino del emprendimiento y los llamados NiNis, puede tener una explicación: Los primeros tienden al optimismo y a una cierta esperanza de que pueden cambiar las cosas, considerando la dificultad como una oportunidad para aprender y crecer. Los NiNis o Neet sienten que poco o nada pueden hacer por cambiar la situación, por superar las dificultades que plantea la crisis, y de alguna manera se dan por vencidos, quedando en una situación de desamparo que se traduce en estas cifras, y en la merma de talento para nuestros países.
Además, para Krista Walochik, presidenta consejera delegada de Norman Broadbent, la existencia de una generación que ni estudia ni trabaja se da porque existe una estructura social y familiar que apoya esto. Son jóvenes que han recibido todo con mucha facilidad, que han vivido en un entorno protegido hasta los treinta y tantos y que mantienen una estricta separación del ámbito del estudio y del trabajo. En otros países, como Estados Unidos, no se dan estas generaciones sobreprotegidas. Allí la cultura del valor del trabajo es diferente y no existe esa red social o familiar que permite estar inactivo.
La crisis, lo ha acentuado.
No cabe duda, que la crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, y no valoración de la formación.
Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres. Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.
Por otro lado, Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social, afirma.
Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: ¿Y tú, que vas a ser? pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. “Si no estudio, si no hago ese master…”. Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.
Al parecer, aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. “El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad”, afirma Eduardo Bericat.
Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. “Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad”, dice el profesor.
Y yo me pregunto: ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos? ¿Se podrán cambiar las cosas, sin hacer cosas? Pues, a estos chicos, los del “ni-ni”, les recordaría algo sobre la desesperanza y la esperanza….
Sobre la desesperanza, decía Maurice Maeterlinck (1862-1949), escritor belga. “La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”.
Y sobre la esperanza, hay un proverbio japonés, que dice: “Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”.

Si en los setenta, se repetía la frasecita típica para entablar conversación, con un chico o chica, de ¿estudias o trabajas? Hoy hay un porcentaje importante de jóvenes españoles, que contestarían NO, a ambas opciones. A estos chicos, jóvenes, que ni estudian ni trabajan, les llaman : La “generación neet”. Y ya se les considera un peligro para la competitividad y el empleo.
Resulta que, el reverso tenebroso de la fuerza emprendedora de los jóvenes está en ese 14% de españoles de entre 16 y 24 años que ni estudia, ni trabaja. La ‘generación Neet’ supone un lastre para el nuevo modelo económico. Para los Neet (Not Employment, Education or Training), la tópica pregunta del ¿estudias o trabajas?, resulta fácil y triste de responder. Ni lo uno ni lo otro. Según la OCDE, el 14% de los jóvenes españoles de entre 16 y 24 años no hace nada.
Las carencias formativas se completan con los datos proporcionados por el último informe Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE, que recordaba recientemente que el 49% de los españoles de 25 a 64 años sólo ha finalizado los estudios obligatorios. Aunque este porcentaje ha disminuido año a año (en 1997 llegaba al 69%), todavía nos sitúa muy lejos de las potencias europeas y de la OCDE.
Volviendo a la generación NiNi, la de aquellos que ni estudian ni trabajan, el estudio realizado por la OCDE en la Unión Europea y Estados Unidos coloca a España en el cuarto peor lugar, por delante de Italia, Eslovaquia y Reino Unido. Según este informe, el 5% de los jóvenes españoles que abandonan los estudios tras la educación obligatoria, con 16 años, no están interesados en hacer nada y otro 20% queda atrapado en el desempleo.
Montse Ventosa, fundadora de Employee Branding, cree que la contradicción entre las jóvenes generaciones que se deciden por el camino del emprendimiento y los llamados NiNis, puede tener una explicación: Los primeros tienden al optimismo y a una cierta esperanza de que pueden cambiar las cosas, considerando la dificultad como una oportunidad para aprender y crecer. Los NiNis o Neet sienten que poco o nada pueden hacer por cambiar la situación, por superar las dificultades que plantea la crisis, y de alguna manera se dan por vencidos, quedando en una situación de desamparo que se traduce en estas cifras, y en la merma de talento para nuestros países.
Además, para Krista Walochik, presidenta consejera delegada de Norman Broadbent, la existencia de una generación que ni estudia ni trabaja se da porque existe una estructura social y familiar que apoya esto. Son jóvenes que han recibido todo con mucha facilidad, que han vivido en un entorno protegido hasta los treinta y tantos y que mantienen una estricta separación del ámbito del estudio y del trabajo. En otros países, como Estados Unidos, no se dan estas generaciones sobreprotegidas. Allí la cultura del valor del trabajo es diferente y no existe esa red social o familiar que permite estar inactivo.
La crisis, lo ha acentuado.
No cabe duda, que la crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, y no valoración de la formación.
Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres. Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.
Por otro lado, Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social, afirma.
Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: ¿Y tú, que vas a ser? pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. “Si no estudio, si no hago ese master…”. Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.
Al parecer, aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. “El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad”, afirma Eduardo Bericat.
Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. “Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad”, dice el profesor.
Y yo me pregunto: ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos? ¿Se podrán cambiar las cosas, sin hacer cosas? Pues, a estos chicos, los del “ni-ni”, les recordaría algo sobre la desesperanza y la esperanza….
Sobre la desesperanza, decía Maurice Maeterlinck (1862-1949), escritor belga. “La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”.
Y sobre la esperanza, hay un proverbio japonés, que dice: “Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”.

visto en : http://es.globedia.com

Un problema internacional.
foto ni ni ninis.org nini.org
Dos de cada diez del total de seis millones de argentinos de entre 15 y 24 años no tiene ganas de nada. Muchos ya ni siquiera buscan empleo. El 80% vive en hogares pobres. Las razones del fenómeno según los especialistas. Testimonios de los ni-ni.”Me levanto, toco la guitarra, después desayuno; si tengo que trabajar, me ocupo de esa obligación; hago la limpieza del hogar y me baño, escucho música, salgo a caminar por el barrio, almuerzo, escribo, tomo nota de la vida misma, consumo algún estupefaciente, me acuesto a dormir”, escribe un chico acerca de cómo es un día cualquiera de su vida.
Los jóvenes se enfrentan hoy al riesgo de un nivel de vida peor que el de sus padres
admin
enero 24, 2010
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generacion ni ni web ninis.org
Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar. “Ese comportamiento emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura”, señala Elena Rodríguez, socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).
El 54% no tiene proyectos ni ilusión
— Algunos sociólogos detectan una atmósfera juvenil muy inflamable Economizan sus esfuerzos por miedo a la frustración
· La incertidumbre se impone en el empleo y en la pareja
· Sólo el 40% de los universitarios tiene una actividad acorde con sus estudios
· Están predispuestos a aprovechar el momento, “aquí y ahora”
· “La gente no tiene prisa en hacerse mayor”, dice una voluntaria de ONG
La crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, no valoración de la formación. Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres.
Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.
He aquí una muestra de resistencia a la adversidad extrema, junto a la prueba de cómo el discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento económico sin fin. “No podemos hacer frente a las hipotecas”, resume Luis Doña, de 26 años, padre de una niña de 15 meses, presidente de la Asociación de Defensa de los Hipotecados, que pretende renegociar la deuda contraída con los bancos y recabar la ayuda de la Administración. Llevados por el entusiasmo de haber encontrado un empleo estable, como comercial de una multinacional, él y su compañera adquirieron hace cuatro años un crédito hipotecario de 180.000 euros a pagar en 30 años para comprar un piso. “Teníamos que abonar 800 euros al mes, pero es que ya estábamos pagando 600 de alquiler. Hace un año, de buenas a primeras, nos quedamos los dos sin trabajo y ya se nos ha agotado el paro. Hemos conseguido que el banco nos cobre únicamente los intereses de la deuda, pero es que son 560 euros al mes y no los tenemos, porque no nos sale nada. ¿Desmoralizados? Lo que estamos es desesperados y eso que nuestro caso no es tan dramático como el de otras familias que han sido desahuciadas, han tenido que refugiarse en casa de su madre o su suegra”.
Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. “El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social”, afirma. Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: “¿Y tú, que vas a ser?” pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. “Si no estudio, si no hago ese master…”. Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.
A los jóvenes no les resulta emocionalmente rentable comprometerse en un proyecto de vida definido porque piensan que estaría sometido a vaivenes continuos y que difícilmente llegaría a buen puerto. “Aplican la estrategia de flexibilizar los deseos y de restar compromisos; nada de esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro. Como el riesgo de frustración es grande, prefieren no descartar nada y definirse poco”, explica Eduardo Bericat. A eso, hay que sumar un acusado pragmatismo -nuestros chicos son poco idealistas-, y lo que los expertos llaman el “presentismo”, la reforzada predisposición a aprovechar el momento, “aquí y ahora”, en cualquier ámbito de la vida cotidiana. De acuerdo con los estudiosos, esa actitud responde tanto a la sensación subjetiva de falta de perspectivas, como al hecho de que el alargamiento de la etapa juvenil invita a no desperdiciar “los mejores años de la vida” y a combinar el disfrute hedonista con la inversión en formación.
A falta de datos sobre el alcance del “síndrome ni-ni”, el catedrático de Sociología de Sevilla explica que el pacto implícito entre el Estado, la familia y los jóvenes, pacto que compromete al primero a sufragar la educación y a la segunda a cargar con la manutención, alojamiento y ocio, hace creer a algunos jóvenes que en las actuales circunstancias pueden retrasar la toma de la responsabilidad. “Desarrollan una actitud nihilista porque no se les exige estar motivados, ni asumir responsabilidades y hay redes y paraguas sociales. En las convocatorias para cubrir plazas de becarios, me encuentro con aspirantes de treinta y tantos y hasta de cuarenta años, y lo curioso es que esos becarios se comportan como becarios. Es la profecía autocumplida. Si les llamas becarios y les pagas como tales terminarán convirtiéndose en becarios. Lo que me preocupa es la infantilización de la juventud”, subraya.
“Los jóvenes de ahora no son capaces de arriesgar, son conservadores”, constata Elena Rodríguez. ¿La tardía emancipación juvenil española (bastante por encima de los 30 años de media) es, sobre todo, fruto de la inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de ese supuesto conservadurismo? Aunque la diversidad y pluralidad de la juventud aconseja huir de las visiones unívocas, no se puede perder de vista que ellos no han tenido que vencer los obstáculos de las generaciones precedentes. “Miramos con descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene pocas prisas para hacerse mayor”, explica Letizia Tierra, voluntaria de una ONG. Por lo general, las personas que trabajan en asociaciones de ayuda juvenil tienden a repartir sus juicios con la medida de la botella medio llena, medio vacía.
“En el CIMO (Centro de Iniciativas de la Juventud) vemos apatía y falta de ilusión generalizada. Muchos de los 200.000 nuevos titulados universitarios anuales afrontan con pesimismo la búsqueda de empleo. Saben que hay un elevado porcentaje de puestos de cajeros, reponedores, almacenistas, dependientes, etcétera ocupados por diplomados o licenciados”, afirma Yolanda Rivero, directora de esa asociación que atiende a diario a más de 600 jóvenes. Con todo, descubre también a muchos jóvenes capaces de adaptarse y de asumir retos y riesgos. “La generación JASP (jóvenes sobradamente preparados) tiene la ventaja de su mayor formación. A la vista del panorama, continúan formándose, viajan, trabajan, de camarero, si es preciso, para pagarse un master y aprovechan sus oportunidades, aunque, eso sí, en casa de papá y mamá hasta los 35 años, por lo menos”.
El catedrático de Psicología Social Federico Javaloy, autor del estudio-encuesta de 2007, Bienestar y felicidad de la juventud española, cree probado que nuestros jóvenes no son apáticos y desilusionados, aunque lo estén, por contagio ambiental. “Lo que pasa es que rechazan el menú laboral que les ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros medios de comunicación”, sostiene. Aunque las ONG encauzan en España las inquietudes que los partidos políticos son incapaces de acoger, tampoco puede decirse que la participación juvenil en ese campo sea extraordinaria. “Algo menos del 10% de los jóvenes participa en algún tipo de asociación, deportivas, en su mayoría, pero el porcentaje que lo hace en las ONG no llegará, seguramente, al 1%”, indica el catedrático de Sociología de la UNED, José Félix Tezanos. Autor del estudio Juventud y exclusión social, Tezanos detecta entre los jóvenes una atmósfera depresiva, un proceso de disociación individualista, condensado en la expresión “sólo soy parte de mí mismo” y el debilitamiento de la familia. “Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos microespaciales, laxos y efímeros”, subraya.
El sociólogo de la UNED se pregunta hasta cuándo aguantará el colchón familiar español y qué pasará cuando se jubilen los padres que tienen a sus hijos viviendo en casa. A su juicio, el previsible declive de la clase media, la falta de trabajos cualificados -”el bedel de mi facultad es ingeniero”, indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia. “Podemos asistir al primer proceso masivo de descenso social desde los tiempos de la Revolución francesa”, augura.
Más apocalíptico se manifiesta Alain Touraine en el prólogo del libro de José Félix Tezanos. “Nuestra sociedad no tiene mucha confianza en el porvenir puesto que excluye a aquellos que representan el futuro” (…) “Se piensa que los jóvenes van a vivir peor que sus padres”, escribe el intelectual francés. Y añade: “Avanzamos hacia una sociedad de extranjeros a nuestra propia sociedad” (…) “Si hay una tendencia fuerte, es que tendremos un mundo de esclavos libres, por un lado, y a un mundo de tecnócratas, por otro” (…) “Los jóvenes tienen que trabajar de manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (…) No están sólo desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás”.
Nadie parece saber, en efecto, con qué se sustituirá la vieja ecuación de la formación-trabajo-estatus estable, si, como pregonan estos sociólogos, la educación en la cultura del esfuerzo toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para malvivir. Aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. “El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad”, afirma Eduardo Bericat.
Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. “Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad”, dice el profesor. ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos?

Generación ‘ni-ni’: ni estudia ni trabajaLos jóvenes se enfrentan hoy al riesgo de un nivel de vida peor que el de sus padresEl 54% no tiene proyectos ni ilusión — Algunos sociólogos detectan una atmósfera juvenil muy inflamable Economizan sus esfuerzos por miedo a la frustración   · La incertidumbre se impone en el empleo y en la pareja   · Sólo el 40% de los universitarios tiene una actividad acorde con sus estudios   · Están predispuestos a aprovechar el momento, “aquí y ahora”   · “La gente no tiene prisa en hacerse mayor”, dice una voluntaria de ONG      JOSÉ LUIS BARBERÍA 22/06/2009 MADRID (EL PAIS)Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar. “Ese comportamiento emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura”, señala Elena Rodríguez, socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).
La crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, no valoración de la formación. Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres.
Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.
He aquí una muestra de resistencia a la adversidad extrema, junto a la prueba de cómo el discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento económico sin fin. “No podemos hacer frente a las hipotecas”, resume Luis Doña, de 26 años, padre de una niña de 15 meses, presidente de la Asociación de Defensa de los Hipotecados, que pretende renegociar la deuda contraída con los bancos y recabar la ayuda de la Administración. Llevados por el entusiasmo de haber encontrado un empleo estable, como comercial de una multinacional, él y su compañera adquirieron hace cuatro años un crédito hipotecario de 180.000 euros a pagar en 30 años para comprar un piso. “Teníamos que abonar 800 euros al mes, pero es que ya estábamos pagando 600 de alquiler. Hace un año, de buenas a primeras, nos quedamos los dos sin trabajo y ya se nos ha agotado el paro. Hemos conseguido que el banco nos cobre únicamente los intereses de la deuda, pero es que son 560 euros al mes y no los tenemos, porque no nos sale nada. ¿Desmoralizados? Lo que estamos es desesperados y eso que nuestro caso no es tan dramático como el de otras familias que han sido desahuciadas, han tenido que refugiarse en casa de su madre o su suegra”.
Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. “El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social”, afirma. Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: “¿Y tú, que vas a ser?” pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. “Si no estudio, si no hago ese master…”. Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.
A los jóvenes no les resulta emocionalmente rentable comprometerse en un proyecto de vida definido porque piensan que estaría sometido a vaivenes continuos y que difícilmente llegaría a buen puerto. “Aplican la estrategia de flexibilizar los deseos y de restar compromisos; nada de esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro. Como el riesgo de frustración es grande, prefieren no descartar nada y definirse poco”, explica Eduardo Bericat. A eso, hay que sumar un acusado pragmatismo -nuestros chicos son poco idealistas-, y lo que los expertos llaman el “presentismo”, la reforzada predisposición a aprovechar el momento, “aquí y ahora”, en cualquier ámbito de la vida cotidiana. De acuerdo con los estudiosos, esa actitud responde tanto a la sensación subjetiva de falta de perspectivas, como al hecho de que el alargamiento de la etapa juvenil invita a no desperdiciar “los mejores años de la vida” y a combinar el disfrute hedonista con la inversión en formación.
A falta de datos sobre el alcance del “síndrome ni-ni”, el catedrático de Sociología de Sevilla explica que el pacto implícito entre el Estado, la familia y los jóvenes, pacto que compromete al primero a sufragar la educación y a la segunda a cargar con la manutención, alojamiento y ocio, hace creer a algunos jóvenes que en las actuales circunstancias pueden retrasar la toma de la responsabilidad. “Desarrollan una actitud nihilista porque no se les exige estar motivados, ni asumir responsabilidades y hay redes y paraguas sociales. En las convocatorias para cubrir plazas de becarios, me encuentro con aspirantes de treinta y tantos y hasta de cuarenta años, y lo curioso es que esos becarios se comportan como becarios. Es la profecía autocumplida. Si les llamas becarios y les pagas como tales terminarán convirtiéndose en becarios. Lo que me preocupa es la infantilización de la juventud”, subraya.
“Los jóvenes de ahora no son capaces de arriesgar, son conservadores”, constata Elena Rodríguez. ¿La tardía emancipación juvenil española (bastante por encima de los 30 años de media) es, sobre todo, fruto de la inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de ese supuesto conservadurismo? Aunque la diversidad y pluralidad de la juventud aconseja huir de las visiones unívocas, no se puede perder de vista que ellos no han tenido que vencer los obstáculos de las generaciones precedentes. “Miramos con descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene pocas prisas para hacerse mayor”, explica Letizia Tierra, voluntaria de una ONG. Por lo general, las personas que trabajan en asociaciones de ayuda juvenil tienden a repartir sus juicios con la medida de la botella medio llena, medio vacía.
“En el CIMO (Centro de Iniciativas de la Juventud) vemos apatía y falta de ilusión generalizada. Muchos de los 200.000 nuevos titulados universitarios anuales afrontan con pesimismo la búsqueda de empleo. Saben que hay un elevado porcentaje de puestos de cajeros, reponedores, almacenistas, dependientes, etcétera ocupados por diplomados o licenciados”, afirma Yolanda Rivero, directora de esa asociación que atiende a diario a más de 600 jóvenes. Con todo, descubre también a muchos jóvenes capaces de adaptarse y de asumir retos y riesgos. “La generación JASP (jóvenes sobradamente preparados) tiene la ventaja de su mayor formación. A la vista del panorama, continúan formándose, viajan, trabajan, de camarero, si es preciso, para pagarse un master y aprovechan sus oportunidades, aunque, eso sí, en casa de papá y mamá hasta los 35 años, por lo menos”.
El catedrático de Psicología Social Federico Javaloy, autor del estudio-encuesta de 2007, Bienestar y felicidad de la juventud española, cree probado que nuestros jóvenes no son apáticos y desilusionados, aunque lo estén, por contagio ambiental. “Lo que pasa es que rechazan el menú laboral que les ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros medios de comunicación”, sostiene. Aunque las ONG encauzan en España las inquietudes que los partidos políticos son incapaces de acoger, tampoco puede decirse que la participación juvenil en ese campo sea extraordinaria. “Algo menos del 10% de los jóvenes participa en algún tipo de asociación, deportivas, en su mayoría, pero el porcentaje que lo hace en las ONG no llegará, seguramente, al 1%”, indica el catedrático de Sociología de la UNED, José Félix Tezanos. Autor del estudio Juventud y exclusión social, Tezanos detecta entre los jóvenes una atmósfera depresiva, un proceso de disociación individualista, condensado en la expresión “sólo soy parte de mí mismo” y el debilitamiento de la familia. “Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos microespaciales, laxos y efímeros”, subraya.
El sociólogo de la UNED se pregunta hasta cuándo aguantará el colchón familiar español y qué pasará cuando se jubilen los padres que tienen a sus hijos viviendo en casa. A su juicio, el previsible declive de la clase media, la falta de trabajos cualificados -”el bedel de mi facultad es ingeniero”, indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia. “Podemos asistir al primer proceso masivo de descenso social desde los tiempos de la Revolución francesa”, augura.
Más apocalíptico se manifiesta Alain Touraine en el prólogo del libro de José Félix Tezanos. “Nuestra sociedad no tiene mucha confianza en el porvenir puesto que excluye a aquellos que representan el futuro” (…) “Se piensa que los jóvenes van a vivir peor que sus padres”, escribe el intelectual francés. Y añade: “Avanzamos hacia una sociedad de extranjeros a nuestra propia sociedad” (…) “Si hay una tendencia fuerte, es que tendremos un mundo de esclavos libres, por un lado, y a un mundo de tecnócratas, por otro” (…) “Los jóvenes tienen que trabajar de manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (…) No están sólo desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás”.
Nadie parece saber, en efecto, con qué se sustituirá la vieja ecuación de la formación-trabajo-estatus estable, si, como pregonan estos sociólogos, la educación en la cultura del esfuerzo toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para malvivir. Aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. “El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad”, afirma Eduardo Bericat.
Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. “Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad”, dice el profesor. ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos?

fuente : JOSÉ LUIS BARBERÍA 22/06/2009 MADRID (EL PAIS)